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Huelga: El sindicalismo del siglo XIX fracasa con el trabajador del siglo XXI

Del mismo modo que las guerras ya no se ganan en las trincheras, la verdadera batalla de una huelga ya no está en la calle. El mundo ha cambiado, y tanto las proclamas como las prácticas sindicales están quedando obsoletas, como quedó patente ayer, con la huelga general más descafeinada de la democracia.

Del mismo modo que las guerras ya no se ganan en las trincheras, la verdadera batalla de una huelga ya no está en la calle. El mundo ha cambiado, y tanto las proclamas como las prácticas sindicales están quedando obsoletas.

Un sencillo ejemplo es el medidor que se utiliza para calibrar el éxito de un paro general. Hasta ahora, el principal referente era el consumo eléctrico, un argumento que continúan esgrimiento los representantes de los trabajadores para valorar el éxito de una huelga.

Sin embargo, éste tiene cada día menos sentido en un mundo donde la industria, principal consumidor de energía, ha perdido la batalla frente al sector servicios, creciente consumidor de tecnología.

Así, mientras que ayer el consumo eléctrico descendió un 21%, el tráfico de datos se incrementó en España un 2,8%, según cifras de Akamai, principal proveedor de este servicio.

Desde este punto de vista, si el 70% de la riqueza española procede de los servicios, estos números indican que el principal motor de la economía española se mantuvo en cifras similares de producción, e incluso ligeramente superiores, a las de una jornada normal.

La revolución de Internet

Hasta 1940, el campo fue el motor de la economía española, un protagonismo que le robó la industria, hasta que a finales del siglo pasado España se convirtió definitivamente en un país de servicios. Este cambio de tornas conlleva que tanto los problemas de los trabajadores, como su capacidad de respuesta ante una huelga general, no tengan nada que ver.

Como señala Sandalio Gómez, profesor de IESE-Universidad de Navarra experto en temas laborales, “cada vez más, el trabajo no depende del sitio dónde estés, porque tienes el móvil, el ordenador…Por tanto, si quieres paralizar un país, tienes que ver cómo paras las telecomunicaciones, ya no vale con poner silicona en las puertas de los comercios”.

Un ejemplo es Irene, dueña de una pequeña empresa de comunicación en Tres Cantos, una localidad próxima a Madrid. Los 45 minutos que suele tardarse en llegar desde la capital hasta su oficina corrían ayer el riesgo de convertirse en horas para tres empleadas que no tienen coche, debido a la huelga general.

Ante la duda de cómo organizarse, Irene fue tajante: “Quedaros en casa”, dijo. Y así hicieron. “Es la primera vez que probamos a hacer teletrabajo, la huelga de metro fue la que nos dio la voz de alarma. Aquéllos días fueron un caos y, como temía que pasase lo mismo, he preferido que trabajaran desde casa”, señala Irene.

Su caso no es una excepción. Muchos trabajadores optaron ayer por el teletrabajo para cumplir con su jornada laboral en medio de la huelga y no verse afectados por los cortes en el transporte que caractizan a estas manifestaciones.

Entre ellos, el profesor de IE Business School Enrique Dans, que ayer impartió sus clases online, poniendo en evidencia cómo las telecomunicaciones echan por tierra cualquier posible piquete. “No fui al despacho porque no tenía ninguna cita ni reunión. Además, mis alumnos son de cuatro continentes y no les podía decir: ‘no imparto clase porque hay huelga en España’. La he impartido y lo he hecho con toda seguridad”, señala.

Nueva realidad

El 29-S, como todas las huelgas generales, se ha saldado con un dispar recuento de datos. Mientras que los sindicatos apuntan un “éxito incuestionable” y cifran en 10 millones de personas el seguimiento del paro (más de la mitad de la población activa), el Gobierno se limita a hablar de un “efecto moderado y seguimiento irregular”.

De hecho, el impacto que ha tenido la movilización en el sector industrial, fundamentalmente fábricas, dista mucho del conseguido en servicios, especialmente en labores de oficinas y administración.

Así, mientras que 100% de las fábricas de automóviles y del 21% del transporte ha secundado la huelga, según cifras del Ejecutivo, menos del 3% de la banca y la hostelería ha respondido a la llamada sindical, mientras que los comercios lo han hecho en un 10%.

Fernando Encinar, fundador del portal inmobiliario Idealista.com, se muestra tajante respecto al impacto de la huelga: “Los servicios no la han notado y, los trabajadores que no podían ir a trabajar han hecho teletrabajo. La huelga sólo ha funcionado en los sectores del XIX”.

En esta misma línea, Rafael Pampillón, profesor del Instituto de Empresa, asevera que “las huelgas cada vez tienen menos sentido con Internet y la globalización. Yo compro por Internet en Mercadona, y lo hago desde mi casa. Existe el comercio electrónico y hasta puedes comprar ya ropa por Internet en Zara. Y eso lo puedes hacer desde cualquier parte del mundo. Plantear una huelga cuando existe Internet y las telecomunicaciones es absurdo. Mucha gente de oficina trabaja desde casa. Incluso, si quieres, hoy día puedes estudiar por Internet, a través de cursos de e-learning, o mantener una entrevista a través de una webcam. Es muy fácil”.

Cambio de fondo y forma

Al papel que juegan las telecomunicaciones a la hora de boicotear una huelga, al permitir al principal sector económico español seguir desarrollando gran parte de su operativa, se suma que la realidad laboral del siglo XXI dista mucho de las reivindicaciones obreras del siglo pasado.

“Con las conquistas sociales que se han logrado, los sindicatos tienen que cambiar para entrar en los problemas reales de los trabajadores. Con sus consignas actuales, se les está escapando el 80% de los trabajadores”, apunta el profesor Gómez.

En su opinión, “hoy en día, es imposible imponer una huelga general, debes conseguir que la gente te siga por convencimiento. Yo recuerdo la Castellana vacía en 1988, cuando la gente sí respaldó la huelga, apoyaban la movilización, y eso no ha ocurrido en esta ocasión”.

Algo parecido apunta Daniel Ureña, socio director de Mas Consulting, cuando señala que “las huelgas han dejado de tener sentido tal y como están planteadas por los sindicatos de clase. El mundo ha cambiado muy rápido en los últimos años y la propia esencia de los sindicatos tradicionales, cuya forma de actuación está basada en la confrontación, está en entredicho”.

Fuente: lainformacion

Huelga ¿general?: Alguien tenía que decirlo

Coincido totalmente con la opinión de Marco Cimino, Yo ya que están tan de moda las reformas,  propongo desde aquí que la próxima reforma no sea la de las pensiones, sino la del sistema sindical español, principalmente en el tema de subvenciones, que se autofinancien. De hecho ahora que lo pienso, también habría que reformar la financiación de los partidos políticos, haber si teniendo que poner dinero de su bolsillo desaparecen de la política toda la fauna de “gorrones” que pulula por la política española.

No acostumbro a comentar en este blog estos temas, pero no pude evitar reflexionar sobre las declaraciones de algunos representantes sindicales que ayer por la noche salieron “retratados” en el telediario, que indicaban que la huelga había tenido un “éxito total y absoluto”.

Me pregunto en que parte de la quema de una coche de policía reside el éxito, o cómo de exitoso es tirar huevos e insultar a un conductor de autobús llamado a cubrir los servicios mínimos. Y también si el éxito al tirar una piedra contra una furgoneta está en saber levantar con una mano sola 3 kilos o bien en acertar el blanco a 5 metros de distancia? Y si puede ser considerado todo un éxito el insultar una persona que pretende abrir su establecimiento, el mismo que le permite ganarse la vida dignamente, en un día de huelga.

¿Efectos Colaterales? Colaterales a qué? A querer seguir un modelo, el de lo sindicatos, que se empeña a olvidar que existe una cosa que se llama Europa que, entre otras cosas, marca las reglas del juego de la economía y del mercado laboral más allá de la capacidad política local?

Y que quizás deberíamos mirar adelante en lugar de querer seguir identificándonos (con todos mis respetos) con Grecia, Portugal y para que no se me tache de racista le añado Italia?

Y que basta ya de querer necesariamente utilizar la política en todo, estamos hablando de economía y competitividad de un país.

Disculpad, alguien tenía que decirlo.

vía Alguien tenía que decirlo « Reflexiones 2.0 (Enterprise y Personales) de Marco Cimino.

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