¡Quiero ser digital!


Aunque para los ‘nativos digitales’ internet y las redes sociales son herramientas de uso cotidiano, buena parte de las generaciones anteriores siguen sin entender en qué consisten y de qué manera pueden obtener un beneficio personal o profesional de estas comunidades online. Ser un ‘inmigrante digital’ no es razón para no saber la respuesta.

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Feeds, gadgets, widgets, crowdsourcing, coolhunting, cloud computing, SEO, SEM, RTLS, ZigBee, tweets, Facebook… A veces uno oye hablar a los más jóvenes y, definitivamente, comprende que hablan un lenguaje diferente. Esto no sería mayor problema si no fuera porque, en ocasiones, el adulto sospecha que, con toda probabilidad, es él –y unos tantos más de su generación- el que no habla el idioma que poco a poco se está imponiendo en el mundo. El idioma de las redes. El libro ‘¡Socorro, quiero ser digital!’, escrito por Martiniano Mallavibarrena y Alicia Feliciano (Lid Editorial), trata de arrojar algo de luz sobre los nuevos hábitos de comunicación y de consumo que nacen de la mano de redes sociales, blogs, wikis, smartphones (otra de esas palabrejas), sistemas de localización, etcétera, y sobre cómo estos inciden en la creación y desarrollo de nuestra propia identidad virtual. O de la marca digital de nuestro negocio.

Tomando como punto de partida este grito de auxilio, los autores defienden que el fenómeno de la web 2.0 no es un simple juego de niños, sino uno de los cambios más importantes que ha vivido internet en los últimos años. Con la llegada de los medios sociales, el colectivo de los usuarios adquirió poder para difundir información, una circunstancia que no sólo está modificando las relaciones personales entre individuos, sino que impacta directamente sobre la realidad empresarial de medios de comunicación, industrias culturales, hoteles, modas y cualquier otra actividad comercial.

Un ejemplo práctico. En el mundo offline (lo que muchos siguen definiendo como “el mundo real”) un cliente que está satisfecho con un servicio o producto lo comenta con dos o tres personas, mientras que otro insatisfecho se lo cuenta a otras nueve o diez. Esta proporción cambia sobremanera con internet. “Ahora, si salimos de un hotel en el que nos han tratado mal, uno de cada veinte clientes lo denunciará en algún portal de turismo –o en Twitter, Facebook u otra red social-, además de contárselo en persona a sus nueve o diez amigos”, explican Mallavibarrena y Feliciano. Es decir, la reputación de su empresa ya no depende únicamente de las campañas de márketing que ponga en marcha, sino de la opinión y comentarios que los usuarios vuelquen en la web.

Y como estos usuarios también pueden ser los propios empleados, algunas organizaciones no han resistido la tentación de editar guías para que estos conozcan la opinión oficial sobre el uso de medios sociales y, sobre todo, para sugerir una utilización común de las redes a través de indicadores que establezcan cómo completar ciertas partes del perfil, la utilización de logos y fotos, los posibles temas que no se deben comentar en estos portales y, especialmente, cómo emplear estos entornos para colaborar con los intereses de la empresa.

Esta semana Facebook ha dado un paso adelante en su posicionamiento como escaparate profesional al mostrar en el encabezamiento de cada perfil la información biográfica, el puesto de trabajo, los estudios y la ciudad de residencia de cada usuario.

Otras compañías, en cambio, entienden que lo 2.0 forma parte de la vida cotidiana de una parte creciente de sus trabajadores y, en lugar de prohibir, limitar o reglamentar el uso de redes sociales, apuestan por el camino de la confianza y de la motivación. Algunos estudios, como el publicado hace unos meses por la Universidad de Melbourne, confirman que este tipo de relación incrementa en casi un 10% la productividad del empleado.

Búsqueda de empleo
Por último, las redes sociales representan un terreno cada vez más abonado para la intermediación laboral. Sin ir más lejos, esta misma semana Facebook, la red social por antonomasia (cuenta con más de 500 millones de usuarios registrados), ha dado un paso adelante en su posicionamiento como escaparate profesional al mostrar en el encabezamiento de cada perfil la información biográfica, el puesto de trabajo, los estudios y la ciudad de residencia de cada usuario.

Sin embargo, Linkedin y Xing son las dos comunidades profesionales online con más presencia en España, si bien algunos sectores son más sensibles que otros para el reclutamiento digital. Según un informe de Adecco, casi la mitad de los reclutadores las consulta de forma habitual y, de ellos, siete de cada diez aseguran que proporcionan una fórmula de reclutamiento efectiva.

En definitiva, tal y como argumentan los autores de ‘¡Socorro, quiero ser digital!’, internet no sólo supone un cambio radical en la sociedad, sino una oportunidad para que los directivos mejoren la gestión de sus organizaciones. “Al fin y al cabo, en la Red está el público objetivo al que se dirigen las compañías, los puestos de trabajo con más futuro, los candidatos mejor preparados, las ideas más innovadoras y las ofertas más interesantes. ¿Por qué seguir dándole la espalda?”.

 

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